martes, 25 de junio de 2013

¿Los conflictos protagonizados por movimientos fundamentalistas son religiosos o nacionalistas?


Básicamente yo apuesto por una mezcla. La lectura de los textos da a entender que hay una fuerte relación entre los fundamentalismos religiosos y los fundamentalismos políticos (basta ver los datos de los años 70 hasta la actualidad con los neoconservadores de EEUU) donde podemos ver que los fundamentalismos no se conforman con su espiritualidad, ni permanecer en el anonimato, ni ser una minoría, sino que su objetivo es incidir decisivamente en la sociedad, añadiéndoles una moral, a su estricto conveniencia, por ejemplo. Y una de las fuerzas centrífugas más fuertes de este último siglo, a nivel político han sido los nacionalismos (tanto nacionales como internacionales) podemos ver las implicaciones-relaciones en la guerra de Serbia donde se mezclaban los intereses nacionalistas o territoriales con los conflictos de dos comunidades (musulmanas y cristianas), así como todo el panarabismo y sus conflictos a nivel internacionales.
He podido leer como el fundamentalismo religioso no se encierra en una burbuja, ni como he dicho, se aísla sino que suele asociarse con otros fundamentalismos de carácter político, económico, cultural y social, con quienes establece alianzas para defender con más eficacia el etnocentrismo cultural, mediante una moral represiva, la tendencia a las exclusiones por razones de etnia o raza y una concepción religiosa de vuelta a los orígenes idealizados. Utiliza así la religión de manera instrumental para sus fines expansionistas y para sus intereses hegemónicos de tipo político (podemos reseguir la manipulación de los Neocón desde Ronald Reagan hasta el Bush Jr, o la instauración de la Sharia en países de fundamentalismo islámico como el régimen Talibán. En sectores judíos ortodoxos de los Estados Unidos, Israel y, en menor medida, de Europa, se aprecian igualmente tendencias segregacionistas a partir de la interpretación estricta de la totalidad de la Torá, el asesinato de la primera ministra de la India, Indira Gandhi, perpetrado por sikhs en el marco de un conflicto religioso pero con un fuerte componente político al anular al representante del partido del poder o la violencia de la mayoría budista de Sri Lanka contra la minoría tamil de origen hindú, etc.
Religión y política siempre han estado ligadas y han servido para dotar a los sentimientos nacionalistas de una validez sacramental que ayudaba a los “esfuerzos” por la causa. Es por ello que tristemente se puede decir que van muy ligados y entrelazados.
Nacho Padró

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