miércoles, 23 de marzo de 2016

Cuatrocientos años del caso Galileo y la condena del heliocentrismo: desmontando los falsos mitos

Este año se cumple el 400 aniversario de la inclusión en el Índice de Libros Prohibidos de la obra de Nicolás Copérnico «De Revolutionibus Orbium Caeslestium», libro en el que se propone el modelo heliocéntrico, así como la advertencia a Galileo Galilei de no difundir las teorías copernicanas. 
La condena del heliocentrismo y el caso Galileo, es un tema que ha sido distorsionado y tratado sin rigor fuera de las revistas y libros especializados. Basta un ejemplo para demostrarlo, según algunos estudios un elevadísimo porcentaje de estudiantes europeos cree que Galileo murió en la hoguera y/o fue torturado, cuando no ocurrió ninguno de ambos hechos. El debate que percibe el ciudadano sobre la condena del heliocentrismo y el caso Galileo queda reducido básicamente a un conflicto Ciencia-Religión con nuestro punto de vista actual, cuando en el siglo XVII el conflicto, así planteado, era imposible. En este primer artículo, vamos a exponer brevemente los antecedentes a los hechos de 1616. 
La
Copérnico publica De Revolutionibus en 1543, hecho que marca el origen de la nueva Astronomía y la Revolución Científica. En dicho libro, Copérnico propone el modelo heliocéntrico en el que la Tierra y demás planetas giran alrededor del Sol, aunque no hay que olvidar que
dicho modelo había sido presentado por Copérnico en textos previos como el Commentariolus, escrito alrededor de 1510. El heliocentrismo era revolucionario porque al proponer el movimiento de la Tierra alrededor de su eje y del Sol, originaría una confrontación con las teorías sobre el movimiento de la filosofía natural aristotélica, que era el pilar del conocimiento en todas las Universidades. Dicha filosofía se fundamentaba en la ausencia de movimiento de la Tierra.

La universidad de Salamanca

Aunque tuvo sus detractores, el modelo de Copérnico fue bien recibidoen muchos lugares de Europa, siendo mejor su recepción en el mundo católico que en el protestante. Por ejemplo, Copérnico fue animado en 1536 por algunos de cardenales de la Iglesia Católica para que publicara más detalladamente sus ideas. En España, al contrario de lo que se cree, las obras de Copérnico tuvieron una buena acogida. En la Universidad de Salamanca, De Revolutionibus era un libro optativo a partir de 1563 y pasó a ser obligatorio en la enseñanza de la Astronomía en 1593, convirtiendo posiblemente a España en el primer país donde el modelo de Copérnico fue de enseñanza obligatoria. También Diego de Zúñiga, catedrático de Sagrada Escritura en la Universidad de Osuna, publicó en 1568 «In Job commentia», libro en el que hacía una defensa del modelo heliocéntrico. Los trabajos de Copérnico eran conocidos en las Universidades de Alcalá y Valladolid y en la Casa de Contratación de Sevilla, donde el interés por la navegación hacía fundamental conocer todos los avances en Astronomía. 
Un hecho importante a favor del modelo de Copérnico es que fue utilizado para la elaboración de las tablas pruténicas o prusianas (Reinhold, 1551) que fueron decisivas en la elaboración del Calendario Gregoriano, calendario que en la actualidad sigue vigente en la mayor parte de países del mundo. A finales del siglo XVI es imposible afirmar que el modelo heliocéntrico estuviera «perseguido», aunque seguía siendo un modelo que generaba controversia.

Choque con la Filosofía, no con la Teología

Con el paso del tiempo, y el apoyo de Galileo y Kepler en los primeros años del siglo XVII a la teoría de Copérnico, los filósofos empezaron a ver al heliocentrismo como una teoría que podía derrumbar los fundamentos del conocimiento firmemente establecido durante siglos. Este punto es importante para entender todo lo relacionado con el heliocentrismo, en el siglo XVI y principios del XVII no existía la Ciencia como la entendemos ahora y la Teología y la Filosofía eran «superiores» en el conocimiento a la Astronomía. 
La nueva Astronomía se atrevía a poner en duda cuestiones que pertenecían a la Filosofía (inicialmente no hubo conflicto con la Teología). En aquel tiempo la pregunta no era: ¿Qué hacen la Teología y la Filosofía explicando cuestiones que competen a la Astronomía?, sino, ¿qué hace la Astronomía opinando sobre cuestiones cuya autoridad compete a la Filosofía y/o Teología? El mismo Copérnico, en el debate sobre si el universo era finito o infinito, alegaba que eso no era competencia de los astrónomos sino de los filósofos. Sólo Galileo y algún astrónomo más como Kepler, empezaban a poner en duda la autoridad de los filósofos. Galileo nunca discutió la supremacía de la Teología, lo dejó bien claro en sus escritos, sólo afirmaba que la Biblia, en su descripción de los fenómenos astronómicos, no podía ser interpretada literalmente. Como veremos en el siguiente artículo, los hechos acontecidos en las primeras décadas del siglo XVII darán un vuelco a la situación de la teoría heliocéntrica.
JOSÉ RAMÓN JIMÉNEZ CUESTA para ABC.es

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